viernes, 6 de junio de 2008
Fragmento 4(pA.F.)
desde la encarnizada renuencia a ser.
Desde allí y desde entonces
se descomprime el sueño.
Ya no revelo mi nombre,
ya no es necesario.
Prefiero ir corrigiendo mis errores
desde la claridad monástica
del anonimato,
prefiero cantar la salmodia detestable del callar
para rememorar
espacios y luces
que se unen y separan
en señales dulces al paladar.
Aquí todo es ritomo y palabra.
Seres de voces limpias y melodiosas
se alzan sobre el horizonte
iluminando las ventanas
del infinito.
Aquí la luna es corazonada de presentes,
encrucijada conocida
que provoca evocación en la memoria
para reconocer de dónde se viene,
a dónde se irá.
Desde aquella luna (pálpito-encrucijada),
desde allí todo es reconocible
para la nada
y el nunca.
Ellos
Estabas en el baño del bar aquel. Al verte en el espejo no pudiste contener tus ideas pareadas y contradictorias: llorar o ser cruel. Pudo más la segunda.
Retocaste tu maquillaje, arreglaste los tirantes del sostén, recolocaste las medias, respiraste profundo y, con los ojos casi en blanco, atacaste.
Él no te vio venir. Te acercaste a la mesa que él y ella ocupaban. Viste a los ojos a su acompañante, tomaste su copa, la llenaste de nuevo y bebiste despacio, ante el grito contenido de ella, ante la rabia de él, ante la mirada atónita de ambos. Dejaste sobre la mesa la copa ya vacía, sonreíste entristecida por sus rostros indefensos y coléricos. No quedaba más que salir de ahí. Le diste un beso en la frente a él y caminaste despacio hacia la puerta.
De pronto recordaste algo, te detuviste, volteaste a ver y, para que todo el bar escuchara, dijiste despacio : “eso fue para celebrar que ya me olvidaste”.
Destinos probables de una Sonrisa
De puntillas, tratando de alcanzar la parte más profunda del anaquel, le sucedió encontrar aquella sonrisa. Estaba apenas dentro de la funda de un muy viejo long play de Kraftwerk.
Sí. Éste es mi anaquel y éstas son mis cosas y ésta sonrisa debería ser mía... o tal vez alguien quiso esconderla y olvidarla o esperaba poder traficar con ella ahora que valen tanto... esta se ve más bien desprotegida, descuidada y delgada...
La tomó con cuidado de uno de sus delgados dedos y la llevo al living para tratar de desempolvarla y saber bien cuáles eran todas sus características... recordaba haber visto otro tipo de bichos como ese en los catálogos de venta por correspondencia y en las tiendas por departamentos. No se recordaba si en algún momento él hubiera estado interesado en la venta de ese tipo de mercancías o si, como ya lo había pensado antes, eso era tan sólo una broma de mal gusto de sus compañeros de casa y se iba a meter en problemas por tener cosas que no deben estar en lugares como ese.
No, en una casa no deben estar las sonrisas que no tengan un registro aprobado por el fabricante y una licencia de tenencia y portación... porque puedes sufrir la pena de que te incauten y te metan a la cárcel.
En fin, la sonrisa no es mía y deberé de preguntar a Svën y a Svëtlana si es de alguno de ellos... Ella, Svëtlana, es delgada, rubia, alta y no tiene ni un pelo de tonta, no creo que sea ella la dueña de éste artículo viejo que más parece de contrabando además que ella tiene dos o más guardadas que compró en un viaje a Rivera y que se jacta de que tienen sus papeles en orden y de que nadie tiene otra que tenga lunares amarillos sobre un fondo fucsia... Svën no es tan refinado como ella y sólo tiene una, igual que yo, hombres al fin dice ella...
¿Dudas de preguntar? Sí.
Debería guardarla para él y no responder ninguna pregunta que hagan sobre su procedencia al verle un aditamento nuevo... ellos entenderán que no quiere hablar de eso y por cortesía o por miedo ya no dirán nada, sí, debería guardarla para él... O echarla al retrete...
jueves, 5 de junio de 2008
El traidor teme
no corre hacia atrás.
Se niega
a mostrarme su espalda.
Me enfrenta,
me maldice,
me convierte en mira del escarnio.
Seguro estoy que me teme.
Siempre soy presente o futuro,
tetralogía rota,
paso adelante
sin un por qué que lo sustente.
Odio mi tiempo.
Se lo digo en la cara.
Pero me niega el olvido,
porque es absolución,
porque significa pasado.
Tres
súbito es nubes y luna llena,
calma gris,
manos que se alejan.
Otras aguas me habitan:
esas, las de sales voraces,
las de gaviotas de hollín.
Quedó en ti
aquel mar
que imaginé mío.
Seguramente
lo perdiste
en aquel túnel de estruendos,
en aquel pasillo
el los abrazos finales.
Dos
detrás de las palabras.
Lejos estoy
hoy que lo descubro.
Lejos,
de mil formas:
lejos, por la distancia sin fronteras,
lejos, por las miradas del ferreo pasado,
lejos, por los silencios que el viento me otorga,
por las casualidades que no invoqué.
Eras tú.
Y mis sueños,
temerosos de ser carroña,
se arropan tras las rejas del recuerdo.
Uno
acariciar e invocar la luz.
Este tiempo ya no es el mío.
Mis manos,
torpes,
frenan una mirada,
un ademán,
alejan lo que temen,
presienten y acechan
desde el miedo todopoderoso.
Frenar las sombras,
ocupar el espacio
que dejan atrás.
Que las manos sean luz,
al fin caricia,
tiempo ya propio.
Atreverse,
acercar el ayer,
perdonarlo.