lunes, 2 de junio de 2008
Siempre
Negarla es abrazarse a ella.
Cada rincón,
cada silencio,
me la estrellan en el rostro.
También la he heredado.
Tiene sabor a lotos,
a hirviente cacofonía,
a deforme sensatez.
Al tacto recuerda
la salvación de las almas,
el recurso de la locura,
la inadmitida belleza.
Absurdas huellas
ha dejado en mi vientre,
ha calcinado mi costado.
¡Soy una palabra que niega esa palabra!
y...
eso la acerca más...
Ya lo he dicho:
"negarla es..." dormir en su lecho,
recostarse en sus muslos...
en sus rincones,
en sus silencios.
Herencia
Corroído blasón.
Calco imperfecto de imperfectos rostros,
de torcidas lenguas,
de torpes pasos.
Herederos de la quinta y
doceava letra de un
robado, agonizante
alfabeto.
Deudores de audacias,
engaños,
infamias,
imprecaciones...
cada una con sus labios,
su mantra, discurso,
dios, demonio,
todo, nada.
Peso muerto sobre nuestras epaldas que,
fracturadas,
esperan que la memoria sea pobre,
que se borre,
para pasar la estafeta.
Viaje al vientre del viaje
mañana saltaste quimeras
andén tras andén
viviendo incólume
ánima cuerpo de mujer.
Rodeando subiendo cristal taciturno
cual roca de miel
inmenso vagón de cenizas
cargado en tu piel.
Quimeras saltaste mañana
viajando al vientre del viaje
diciendo
no sé.
domingo, 1 de junio de 2008
Sabrán los días de otros soles
La vi pasar pegada al cerco que hace poco pusieron para separar el cementerio de la carretera, para separar a los vivos de los muertos. Se detuvo para quién sabe qué. Su perraje se enredó en el alambre de púas pero ella nada hizo para liberarlo... sólo pude imaginar una lágrima o una sonrisa recorriendo, iluminando su rostro. Preferiría la sonrisa. Su espalda no me decía gran cosa.
Pensativa, quizás, nada más, así estaba.
De pronto se agachó y cruzó el alambrado. Sus pasos, primero inseguros y luego decididos, la adentraron en el camposanto ya cubierto de coronas y flores secas del lejano noviembre. Cualquiera, sobre todo yo, imagina cosas malas al ver que alguien se comporta así. Quise salir corriendo tras ella y decirle que todo iba a ir bien, que no necesitaba acercarse a los muertos para... ¿para qué? poco o nada sé de ella. Todo lo supongo, aunque todo lo presienta posible. Aún así, dejé de mirar por la ventana y, veloz, me acerqué a la puerta de la casa (sí, mi casa está cerca del cementerio, es una sensación rara, pero desde niño vivo así. Los vivos y los muertos son algo cotidiano para mi, las risas y los llantos... en esa parte donde hay tumbas nuevas yo jugaba cincos y fútbol cuando era patojo), desde allí pude ver mejor su silueta alejándose, adentrándose en la niebla que cubría la recién nacida mañana. Ahora soy yo quien se acerca al alambrado. Distingo su perraje enredado en las púas, con cuidado lo libero, lo acerco a mi rostro, me cubro los hombros con él. Espero que vuelva.
-Buenos días -digo al verla- ¿esto es suyo?
-Buenos días -responde- creo que sí.
En sus manos, unas flores amarillas. En su rostro una sonrisa. Le ayudo a cruzar la alambrada, le devuelvo el perraje. Lo toma y, sin decir nada, se aleja.
Cuando se disuelva la neblina habrá un nuevo sol para ella y para mi. Pero, aún con otros soles en todo lo alto, el olor de su perraje me acompañará siempre.
viernes, 4 de enero de 2008
Miles de formas
Pero escucharé de nuevo esa idea tuya, esa teoría insulza, que enumera razones para demostrar que yo no puedo decir nada con sencilléz. Dices que no hicieron falta palabras porque eso es algo que me sobra y dirás que complico las cosas para entenderlas y que mis juegos, dirás, son un mar en el que no piensas sumergirte.
Siempre creiste que podías ayudarme. ¿Quién diablos te creías? Por eso empezó todo a languidecer.
Me doy cuenta, justo ahora, que te estoy brindando palabras que no te interasan ya. Y me doy cuenta que no bastaban mis evoluciones lúdicas o mis estertores de tritón del sur.
Las palabras pudieron ser dos, las más comunes, las más estúpidas:
1. Te
2. quiero.
Los cantos puedieron ser más constantes o más trillados, silbidos de fagot o punteados en cuerdas de violín.
Para las palabras había soluciones (aunque tu mente simplona balbuceara lo de las complejidades), formas, tratos, algo único, algo mío que te invadiera despacio, que te despertara rápido, que decidiera de una vez y por todas ese desatino que significaba estar junto a ti. Y digo claves, y lo sostengo. Porque claves hacían falta (sobraban, dirías tú) para que esta maldita lengua que nos une nos acercara de verdad ¡idioma, has tu trabajo o te violaré!
Así, para el "caso":
1. Te
2. quiero,
planteamos el factor "lucidéz" al decir tan engorrosa fórmula y sí, y sólo sí, las variantes concuerdan recurrimos a ese "caso".
Cuando la variante "lucidéz" es extrema llegamos a la encrucijada que quiero plantear de la manera más clara que pueda.
Así, en lugar del aparatoso:
1. Te
2. quiero
simplificamos y podríamos:
a. tequiero
b. quierote, o
c. quiteroe.
Se verá que que el acomodo de las sílabas y la unión de las palabras derivan en un modo alterno y sutíl de abordar el tema.
Para fórmulas sencillas como una despedida casual, podríamos tomar el siguiente "caso":
1. Un
2. abrazo
3. y
4. un
5. beso.
La manera más común sería la unión de palabras:
"Unabrazoyunbeso".
Otros modos alternos:
a. abrazounybesoun
b. besoabrazoununy.
El recuento de situaciones discurrirá hasta el fin de las fórmulas (afortunadamente no infinitas) y cada una equivaldrá con las soluciones planteadas con anterioridad.
Nótese que no aconsejo aplicarla a fórmulas o "casos" que impliquen la puesta en escena de un sentimiento supremo (hasta yo tengo mis limites). Así, un "Te amo" no puede ser sustituido porque eso no se miente, aunque no se sienta una sola vez en la vida. Esos extremos se solucionan por sí mismos y/o son equivalentes a los "cantos", melodías que se escuchan o no.
Verás que no escatimo en "solucionesaradodelamar", porque aún te siento lo suficientemente cercana a mi. Y tus ojos (ajenos) son palabras y sobre todo adjetivos, y tu piel es sonido pero sobre todo, es metáfora. Aun te siento cerca, no me culpes por ello. Porque tengo la idea que algún día... pero no me harías caso.
FORTUNA
como mazo de naipes.
Vuelan,
dan y suerte arrebatan.
Aparece la que necesitamos
o
nos ahogamos
en el fango de la orilla.
A veces
sólo reparten
corazones.
CODA
Un recuerdo,
tan sólo eso
es su epitafio.
Ya hace olvido
desde entonces.
Pero a veces recaigo.
Y,
para ser total,
sobran tus abrazos.
Despídeme de tus mejillas,
de tu pecho,
diles que
una tumba son.
Todo lo que en ellos yace
tiene aroma
a podredumbre.
Adiós entonces,
adios.