lunes, 2 de febrero de 2009

14

Mónica me ve pasar
sonríe.
¿Sabrá ella que nada se interpone ya
frente a esa docena de te quieros
que nos negamos?
Mónica simplemente
se va.

Onírico

En verdad, no importa nada lo que ayer soñamos. Vamos... importaría aun menos si nos soltáramos de la triste atadura que hicimos cuando dijimos que habíamos soñado lo mismo.
Te veo dormir a mi lado y me niego a cerrar los ojos, no caeré en tu juego.
Las palabras se te derramaban contando detalles, sonriendo, feliz de pensar que algo nos conectaba. Prefiero decir que ya no dormiré más. Pensar en tu voz y en tu pelo suelto no ayuda mucho. No dormiré más, levantaré un muro frente a esa posibilidad, no dejaré que mi cansancio opine sobre el tema.
Me dices en sueños cuan libre quieres ser, qué tan lejana estás de serlo, de estarlo. Intento adivinar algo que me diga que te soy molesto, que no puedes seguir mi rumbo y mis pasos. Quisiera que mi cobardía poblara tus sueños y no los míos. Verte volar, alejarte de mi. Pero veo en mi vigilia una exasperante escena en la que saltas brillando tu desnudez hasta romper la clara superficie de la laguna aquella que nos vio impenitentes, juventud tonante.
Muero un poco pensándote arrullar esa farsa de sueños-vasos comunicantes.
Me desangro imaginando tu día a día en el que no estoy... ese día a día de píe, tras un mostrador, fingiendo ruletas rusas a manos vacías, ensartando cuentas para collares que tan sólo tus muertos amados vestirán.
Te he querido, te quiero, es cierto. Valen mis palabras para intentar desmentir mis desaciertos, pero también valen como excusas, como justificaciones para el hecho simple de no compartir sueños.
Podría mentirte... suena a salida...
Mis posibilidades se reducen a eso... puedo pedirte que finjas sin que lo sepas, puedo alejarme y dejar que sientas que lo hago para no mentirte. Sueñas ¡oh bella ingenua! sueñas y creo que suspiras porque me buscas en ese otro mundo y no me encuentras. Sueñas y yo enciendo otro cigarrillo, me levanto de la cama, me apoyo en el cristal de la ventana, abro las persianas y exhalo mi humo de siglos hacia afuera, hacia el viento que no ayuda en mi fuga, viento y lluvia que se niegan a ser mis cómplices. Te quiero. Pienso esto mientras veo lo lejana que quedas cuando estás en la cama, sola, soñando. Te quiero, pero no me pidas que esté siempre contigo, dame ese espacio vacío entre horas en que puedo decirme por lo bajo lo que mi instinto o mi pobre cultura quieren oír. El sueño no puede ser compartido durante el dormir. Déjame abandonarte cada noche. Quiero dormir. No lo haré si a mi lado está esa que me hostiga con recuerdos de cosas que no vivió. Esa que hurga en mis pesadillas para reconfortarme a la luz del día y luego me abandona para desafiar demonios cultos tras un mostrador, esa que juega ruletas rusas pero que jamás le puso balas a su índice que señala, que apunta su sien.
Dímelo cuando despiertes... no provoques mi fuga, dime que el sueño de ayer no importa.
Congráciate conmigo. Te quiero, te veo allí a la par mía, otra vez. Me cubro con las cobijas y siento que mañana me dirás que no dormirás, que velarás para dejarme caer solitario en esta muerte cotidiana. Sé que lo dirás.

Vuelo

Dulce sueño de girasoles:
un beso que en mi boca
torna en mieles
un salobre intento de pasos...
una mirada que se aleja
y anida en otro pecho.

jueves, 2 de octubre de 2008

Magia (3)

Las palabras salen ilesas,
ninguna culpa les mancha.
Lo demás es mutilado.
El corte es preciso,
se ve la sangre correr.

El mago hace una caravana.
Sonríe.
Huye.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Magia (6)

He visto la palma de su mano,
leí en ella la nada.
Esos vacíos se le agolpan,
se le vuelven propios,
los colecciona de par en par,
son su futuro,
su santo y seña.

Su mano es despedida...
nunca saludo,
nunca caricia.
Su mano es eso...
la nada.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Campo de Batalla (2)

...quienes debieron ver el estandarte ahora yacen sangrantes en la planicie.
Ondea la imagen marinera de la Virgen del Carmen sobre cientos de cadáveres.
El sacerdote recorre el campo buscando los cuerpos de los propios, les da la extrema unción. Tras él, una fila de improvisados camilleros va buscando heridos. Caballos con ojos tristes, postrados al fin, ya no se levantarán. Los cuerpos de los Tlazcaltecas no se distinguen bien de los K'ich'e. Hay una línea muy delgada que los separa y apenas pueden ser identificados. De nada les valió ser bautizados y convertidos a la nueva fe en Tenochtitlán, llamarse ahora Pedro o Juan, ahora nadie los puede salvar del fuego eterno, nadie les cierra los ojos, nadie arranca de sus pechos los pedernales de las flechas y las lanzas, nadie junta sus cerebros expuestos por el golpe seco de los garrotes.
El tenue olor a pólvora se va disipando. Los gallinazos vigilan con ojos de gula.
¿Qué hemos ganado? La pregunta parece ser inútil... esta batalla es otra más. Es revivir viejas historias de una reconquista de la cuál no fuimos parte. La patria, el reino, quedan lejos ya. Nos hemos convertido en defensores de una fe que de a poco nos libera del estigma de ser simples asesinos.
Un lancero levanta el estandarte y ordena acampar. Poco a poco van dejando ese sitio. Presienten el olor a podredumbre que se levantará en poco tiempo.
A lo lejos, en las colinas, un niño y una mujer lloran.

sábado, 2 de agosto de 2008

Campo de Batalla ( 1 )

Cabalga el lancero. Tras él camina una figura vestida de negro y blanco, píes descalzos, tonsura, estandarte rojo en sus manos.
La línea de desarrapados que va tras ellos es apenas un sueño que por momentos deviene en pesadilla. Son soldados de a píe, uno de ellos atesora contra su pecho un manchado lienzo que hace mucho tiempo pudo ser blanco. Otros lanceros cierran la caminata, retaguardia temerosa que nada puede hacer en este camino pedregoso no apto para las bestias que son su montura.
A muchos pasos de distancia de ellos, adelante, píes descalzos susurran silencios. Torsos desnudos mejor adaptados al clima, a las pronunciadas pendientes de los cerros, obligados guías que temen decir, confesar su desconocimiento de algunos caminos.

... pues pidieron parlamentar y les fue negado. No hay que confiar en esos seres que veneran al demonio y se nutren de nuestras carnes...

... en la planicie yacen los cuerpos, que sean alimento de los buitres...
... el río se tiñe de rojo...
... y la pequeña capilla se empieza a construír. El blanco lienzo y el rojo estandarte presiden en el improvisado altar mayor. Se oficia misa por primera vez en estos territorios.
Al caer la noche, comiendo la magra ración cerca de un fuego, hay quien dice que vio a Santiago Matamoros cabalgar por los aires en flamigera montura, conduciéndolos hacia la victoria sobre los infiéles...
... y le llamaron "La Conquistadora"...